Last dance

Cuando terminó de arreglarse, retrocedió unos pasos para admirarse frente al espejo. Cubría su cuerpo delgado un vestido de tela tan fina que todos los huesos prominentes se adivinaban. La seda pura de un gris pálido parecía competir con la traslucidez de su piel y unos zapatos de tacón, negros, protegían sus pies finos abrazabando sus tobillos con una fina pulsera. El cabello castaño de ondas cortas rozaba sus hombros provocando cosquilleos suaves. En sus lóbulos, unas perlas grises diminutas a juego con el collar posado sobre la clavícula. Rubor en las mejillas besadas por el sol, labios como de quien acaba de morder una fruta jugosa y el resto del rostro desnudo. Asintió al encontrarse a gusto con su reflejo. Cogió la bolsa de gimnasio de la cama, se acerco a la puerta y paseó la mirada alrededor de la habitación una ultima vez. Al pasar junto al recibidor depositó las llaves en un cuenco de cristal azul y cerró la puerta sin mirar atrás.

Él ya estaba en el coche aparcado en la entrada, con las manos al volante, sin mostrar el típico signo de premura en el rostro de los que esperan. Le dio un beso corto en los labios y preguntó con una sonrisa adormilada:

– ¿Has traído todo?

– Sí. Vamos, se hace tarde.

Ambos parecían demasiado tranquilos, pero no como de haber salido de una ducha caliente o después de hacer el amor, era una calma que inquietaba. Cuando llegaron al Instituto aparcaron justo frente a la puerta principal, a pesar que estaba prohibido. Se procuraba dejar liberado ese espacio en caso de presentarse alguna emergencia. Él cogió la bolsa de deporte y caminaron tomados de la mano. Acercaron los oídos a la puerta, se miraron un par de segundos y se separaron. Ella se encaminó hacia la puerta trasera, dando la espalda al chico que quedó agachado junto a la entrada y sacaba algo de la bolsa.

Cuando la chica puso la mano en el picaporte se dio la vuelta para ver la luna. Esa noche se veía tan grande y cercana que iluminaba mejor que los viejos focos de la calzada. Era una luz blanca, etérea, que otorgaba una atmósfera de película clásica en blanco y negro.

Al entrar se concentró en los sonidos. Voces, risas ruidosas, choque de copas, música y cuchicheos. Estaban el reverendo y sus padres enfrascados en alguna conversación sobre la fé, ni siquiera se percataron de su llegada. Los padres de él estaban bailando en un rincón de la pista y se acercaban de vez en cuando a hablar con otra pareja que daba vueltas y pasos cortos alrededor. Estaba todo el pueblo esa noche. Era la ultima noche de las festividades locales y el alcalde decidió reunirles a todos en una gran fiesta, incluidos bomberos y policías. Los 423 habitantes. Nunca había estado tan lleno el gimnasio, ni siquiera durante los partidos de baloncesto. Nadie sabia como, pero el alcalde se aplicó y logró reunir hasta a los más recelosos, los vecinos solitarios de las afueras que solo bajaban una vez al mes a por enseres y alimentos. Los que no hablaban con nadie, ni iban a misa u ofrecían fiestas en su jardín. Nadie se lo explicaba, pero allí estaban, 423.

Cuando sintió una mano sobre su cadera supo que era el momento.

– ¿Todo listo?

– Si linda, vamos a bailar.

“Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me” de The Smiths sonaba mientras iban justo al centro de la pista. Se abrazaron y bailaron suavemente al ritmo de la canción.

Tres segundos después, se oían gritos lejanos, aislados, chillidos de sobresalto. Se había iniciado un fuego detrás de las gradas, dos llamaradas junto a cada puerta de salida. Los bomberos sin sus uniformes iban pidiendo que mantuviesen la calma, intentaron abrir las puertas pero estaban cerradas desde fuera. Hubo golpes y empujones, fuertes arremetidas con sillas y músculos. El humo blanquecino iba inundando todo, los asistentes corrían de un lado a otro despavoridos. El calor aumentaba, los gritos y oraciones se fundían en un solo murmullo. Hubo disparos contra el metal de las puertas, confusión… y mientras tanto, ellos seguían bailando. Como dos fantasmas, ajenos a todo el caos y el horror. Ella apoyo su cabeza en el hombro de él, empezaba a sentir que se desvanecía y mientras cerraba los ojos antes de caer, sonrió. Alrededor de ellos, las bolas “disco” desplomadas, se derretían…

Andre.

Este intento infantil de cuento corto es el resultado de una combinación de imágenes que me rondaban desde el primer momento en que me encontré con esta instalación, QUELLE FÊTE (Que Fiesta) de Rotganzen. El resto de su trabajo sigue en la línea del arte contemporáneo. Nada demasiado especial ni sorprendente. Pero por alguna extraña razón, la bola disco fundiendose causó una explosión de escenas de The Virgin Suicides, Carrie, Saturday Night Fever y una pareja sin rostro bailando hasta morir en mi mente. Pensé que sería una buena idea plasmarlo como mejor pudiese. Ese mismo día descubrí que quizás mi futuro está en el mundo de lo audiovisual. Hasta ese momento no había caído en que, toda mi vida, mientras leo, escucho una conversación, una canción ó escribo: voy visualizando todo como una película en mi cabeza. Una vez alguien muy querido dijo que le gustaba lo descriptiva que era cuando escribía. Y aunque no me creo demasiado talentosa, en eso no se equivoca. Pero es porque mientras escribo no hago mas que describir lo que veo en mi cabeza.

Quizás el cine no sea para mi, lo veo algo elevado, un Everest para esta chica de 1,63.  Pero quizás en lo que se refiere a cortos, vídeos comerciales, experimentales, animados… Puede que sea esa mi fauna. Aúna todo lo que me gusta, música, fotografía, lo gráfico, crear historias y comunicarme. Y es reconfortante encontrarte así. Que una imagen te haga unir cabos sueltos y armar el puzzle, te hace sentirte sobre cemento entre tanta arena movediza de crisis existencial.

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  1. Un texto genial. Efectivamente, describes mucho. A mí me pasa lo mismo. Y también me ocurre que cuando escribo, lo visualizo todo como una película e intento plasmarlo todo con las letras. Una vez me dijo una chica que eso no era escribir, era hacer guiones. Pero no estoy de acuerdo. Me quedo con el papel.
    Y ya sabes, si crees que lo audiovisual es lo tuyo, adelante con ello. ¿Muy grande el cine para ti? Nunca digas nunca.

    ¡Besitos!
    milowcost

    • imissnobody

      ¡Muchas gracias por tus palabras! Siempre paso vergüenza cuando subo algun texto asi de los mios. Es bueno saber que a alguien no le parece tan tonto como a mi. ¡Besos!

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