Paper Doll

La odontólogo que me trataba de cría vivía frente a nuestro edificio en una casa muy grande (y mi pediatra, 4 pisos más abajo de mi apartamento, pura casualidad).

Tenía su consultorio en la planta baja y cada vez que iba me obsequiaba con un folio de muñecas de papel para recortar. Me caía bien.

Hasta un fatídico día que fuí para la extracción de un molar.

Me colocó anestesia, yo le dije que seguía sin sentir el efecto, ella dijo que todo estaba bien y realizó una salvajada. Hizo la extracción, manual, sin yo tener la zona anestesiada. Recuerdo patalear, gritar y ver a mi hermano menor llorando al ver mi reacción, asomado detrás de mamá. Mi madre no detuvo a la doctora y aun no me explico porque. No fue algo rápido, no salió de un tirón… Fueron al menos 3 minutos, de remover para un lado y otro mi muela con una especie de tenaza.

A partir de ese momento la odié y no quise volver nunca más. No tanto por el dolor, sino por ignorarme. El caso es que yo estaba en una edad en que la dosis de anestesia debía ser igual a la de un adulto y no la que se administra a un niño pequeño. De haberme hecho caso, me habría evitado ese trauma. Pero no, yo era solo una niña, “los niños ¿qué sabrán?”, “es una exagerada, si no duele”; hija de p…

No desarrollé pavor a los odontólogos pero desde ese día me mostraba tajante con ellos a la hora de la anestesia.

Cuento todo esto porque me asombra mi memoria, en serio.

Explico:

Hace algunas semanas Carmen habló por twitter de unos muñecos de papel, recortables, de los personajes de la serie televisiva Breaking Bad. A mi esta serie me gusta mucho, mucho, mucho.

Luego un día ví que estaban dando Malcom in the Middle en la tele, y cual fué mi sorpresa al ver que el padre de Malcom en la serie es el mismo actor que interpreta a Walter en B.B.

Increíble. Tantos años viendo Malcom y no fuí capaz de ver que era el mismo actor principal de Breaking Bad.

Luego, indago sobre Kyle Hilton, el ilustrador que hizo estos recortables. Viendo su trabajo enseguida recordé una tontería de mi niñez. Lo del maltrato bucal no, eso nunca lo he olvidado, pero si lo de las muñecas de papel.

Mi memoria, como siempre digo, es caprichosa y muy pero que muy defectuosa. Almacena los recuerdos de forma aleatoria, desecha lo que quiere sin medir la importancia que tenga o no.

Antes de escribir este post tuve que preguntar por WhatsApp a Mr. J ¿cómo es que se llama el programa donde estoy haciendo el blog?”. Juro que es verdad. Abrí una ventana nueva y a la hora de escribir en el buscador del safari solo me venía a la mente la palabra Dashboard.

Se me olvidan las cosas que hago más a menudo, tomarme la píldora, teléfonos importantes, mi dirección, el cumpleaños de mi padre… y en cambio recuerdo nimiedades, cosas absurdas que daría lo mismo olvidar. El color de una pared, el olor del coche de un taxista, todos los apellidos por orden alfabético de los que estudiaron conmigo en el colegio.

Mas ejemplos:

Un chico, cantante, al que estoy tomando unas fotos para el arte de su disco se presenta como Odü. Yo le pregunto si ese es su nombre real, él me cuenta que ese es el artístico y el real es Obdulio.

A los 2 minutos le vuelvo a preguntar su nombre. Vuelve a decir Odü. Esto de olvidar los nombres y recordarlo a la 5ta vez es algo que siempre me pasa, por ello advierto a los recien conocidos que no se ofendan, que es culpa de mi mala cabeza.

Dos semanas después le hablo de algo al respecto a Mr. J y digo sin pensarlo: OBDULIO. Solo lo escuché una vez.

Otro:

Hace un año, fuimos a tomar fotografías en un cementerio que está cerca de casa. Nos acercamos a los nichos y leemos los nombres de las placas. Todos muy raros y feos. Escojo un ganador. Hace una semana Mr. me pregunta cual era el que se llevó el premio: FRUCTUOSA. Aun hoy lo recuerdo.

¿Se dan cuenta?

Les dejo una muestra del trabajo de Kyle Hilton mientras intento recordar cual era la chica rara que iba a agregar hoy a la lista…

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  1. A mí me sucede exactamente igual. Puedo olvidar cosas tan tontas como bajar las bolsas de basura (que haré, desde luego)… pero no olvido esas muñecas recortables que mi madre me compraba en grandes cantidades cuando era pequeña. Tampoco olvido el primer libro que leí o los zapatos que llevaba puestos el día que aquel chico me besó por primera vez. Supongo que así funciona…

    P.S. Me encanta el blog, es sencillo y muy bonito.

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